Prolongar la vida de las centrales nucleares impedirá que España siga apostando por las renovables

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Extender el calendario de cierre frenará las inversiones en renovables y elevará los vertidos de energía a la red

Las renovables pueden suplir ampliamente la generación nuclear tras la clausura de los reactores

Madrid, 21 de enero de 2026.- Extender la vida útil de las centrales nucleares, más allá del calendario pactado en 2019, supone renunciar al cumplimiento de los objetivos renovables plasmados en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2020 (PNIEC). Así lo demuestra el último informe de Fundación Renovables, que analiza varios escenarios que demuestran que la continuidad en la operación de los reactores supone un bloqueo a la instalación de nuevas plantas renovables y lastra la competitividad de las instalaciones ya existentes. Se trata de una publicación que complementa el primer informe holístico sobre el futuro nuclear de España publicado en noviembre de 2025.

En un escenario futuro, en el que todos los reactores nucleares actuales alargan su vida hasta 2035, los datos nos muestran que la generación renovable perdería, al menos, 350,8 TWh debido a la saturación de la demanda entre 2028 y 2035. Es decir, se perderían más de 256 TWh, la actual demanda eléctrica anual. En esta situación, la inversión en nuevas plantas renovables se frenaría por completo, ya que sería una tecnología poco atractiva y competitiva, de tal forma que la potencia instalada quedaría prácticamente estancada hasta el cierre definitivo de los reactores.

Por otro lado, los precios negativos para el mix eléctrico se elevarían. En 2028, si se mantiene el calendario de cierre, las horas con precios negativos serían un 44,5% más que en 2025. Si los reactores prolongan su vida, ese porcentaje subiría hasta el 61,4%, lo que haría inviable económicamente la solvencia de la mayoría de los proyectos renovables.

En un escenario en el que se prolonga la vida de las centrales hasta 2035 y, además, la demanda eléctrica se eleva –un pronóstico probable por la electrificación de la movilidad, la industria o la climatización– las consecuencias siguen siendo desastrosas para las renovables.

El informe también desmiente la idea de que el cierre nuclear supondrá elevar el uso intensivo de combustibles fósiles y la quema de gas. La pérdida de generación nuclear debido al cierre escalonado de los reactores puede compensarse ampliamente con despliegue renovable unido a baterías, incluso manteniendo el ritmo de instalación actual. Se constata así qué cuanta más nuclear hay en el mix, menos capacidad renovable habrá y, al mismo tiempo, se desmiente la falacia de que la apuesta nuclear supone reducir las emisiones de CO2.

En cuanto a la seguridad de suministro, el despliegue de almacenamiento resuelve cualquier inconveniente, junto con su hibridación con los proyectos renovables ya existente. Además, la clausura de los reactores beneficiaría aspectos técnicos de la red como es el caso del control de tensión, labores que no pueden ser efectuadas por las centrales nucleares y sí por las instalaciones renovables desde inicios de este año.

Por tanto, como evidencian los datos, continuar con el plan de desmantelamiento no solo aumentará el coste para los consumidores, sino que, además, supondrá un riesgo para continuar con la instalación de renovables. Desde la Fundación Renovables, defendemos que mantener el cierre es una prioridad si queremos cumplir los compromisos climáticos que España selló con el PNIEC.

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