Ante la sostenibilidad, el petróleo y el gas miran para otro lado

22 de octubre, 2010

Desde que la Fundación Renovables lanzara el pasado mes de junio la propuesta de “Corresponsabilidad del sector energético en los incentivos para el cambio demodelo energético”, autorizadas voces del sector hidrocarburos se han hecho oír para oponerse radicalmente —como era de esperar, por otra parte– argumentando que no desean “contribuir a un sistema ineficiente” como lo es, según ellos, el de apoyo al desarrollo de las energías renovables.

Eso sí, en ningún caso, han ofrecido una alternativa —como también era de esperar— frente al cambio climático y la suicida dependencia energética del exterior en términos económicos y estratégicos.

Si los objetivos de reducción de emisiones y de disminución de la dependencia energética del exterior son asumidos por la sociedad, lo razonable es pensar que corresponde a todos los sectores implicados en la energía hacer el esfuerzo –que no es tal, sino una inversión de futuro— que supone el apoyo económico para conseguir que se produzca la convergencia de costes a partir de la curva de aprendizaje que las tecnologías renovables ya han empezado a demostrar en el pasado reciente (eólica y fotovoltaica) y se alcance el desarrollo comercial de sustitución real de fuentes convenciones de acuerdo con los objetivos establecidos por la Unión Europea. Y en este sentido ese “esfuerzo” lo está haciendo exclusivamente el  consumidor eléctrico.

Nuestra propuesta va más allá de la creación de un “céntimo verde”, desafortunada denominación que reduce nuestra ambición. Lo que planteamos es hacer valer principios de equidad, primero para hacer bueno el principio de quién contamina paga. Si hace quince o veinte años, cuando las regulaciones de los distintos países abordaron la vía para favorecer las energías renovables, se hubiera optado por reconocer todos los costes medioambientales en que incurren las tecnologías convencionales y repercutido en su precio, podemos estar convencidos de que al día siguiente las renovables ya hubieran sido competitivas.

Por otra parte,  los precios de la electricidad en España son ligeramente superiores a la media de la Unión Europa mientras que los de los combustibles fósiles, especialmente las gasolinas y gasóleos, son sensiblemente inferiores a los de nuestros vecinos. La electricidad ha empezado a hacer sus deberes reduciendo las emisiones y aumentado el nivel de autoabastecimiento mientras que el petróleo y el gas miran para otro lado. La señal que se le envía a los ciudadanos con esa diferencia de precios es muy obvia: “siga usted consumiendo,aunque contamine y grave nuestra balanza comercial”.

Efectivamente, si los incentivos a las Energías Renovables se mantienen, como hasta ahora, es decir, soportados exclusivamente por el sector eléctrico, el incremento de costes derivado recae únicamente sobre el precio de la electricidad lo que supone un incentivo indirecto para consumir derivados del petróleo y gas natural en lugar de  electricidad, lo que se contrapone a un modelo energético que debe ir avanzando en una mayor electrificación como punto de partida de un desarrollo de menos dependencia y más sostenible.

Es oportuno por tanto incorporar esos criterios de correspondencia, que primen o castiguen, según corresponda, el uso de las distintas practicas, en base a la incorporación de instrumentos que actúen en línea con el principio “Quiencontamina paga”. No se trata, pues, de una tasa más sino de compartir la responsabilidad en una tarea en la que todos estamos de acuerdo que es necesaria.


Fernando Ferrando, Vicepresidente de la Fundación Renovables

22 de octubre de 2010. Publicado en: El Economista

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