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Cinco años y aún muy lejos de superar el vertido en el Golfo de México

20 abril, 2015

Las políticas energética y de transporte deben converger resolviendo los retos de ambas con renovables, ahorro, eficiencia energética y gestión de la demanda

Que el petróleo no desaparece del mar por arte de magia ya se sabía, por más que la industria petrolera siga defendiéndolo siempre que puede. Pero cuando llega un aniversario tan destacado como este es importante sacar los números del olvido y ver en qué punto de recuperación está la Naturaleza tras el desastre.

El 20 de abril de 2010, en el golfo de México, la plataforma Deepwater Horizon perdía el control del pozo de petróleo que acababa de perforar para BP. La explosión se llevó la vida de 11 personas y dio inicio al peor accidente petrolífero de la historia de Estados Unidos que tendría en jaque durante por lo menos tres meses a los equipos de respuesta que intentaban cerrar el pozo ubicado en aguas profundas.

Ha habido una larga disputa sobre la cantidad de petróleo vertida que el Gobierno de EEUU cuantifica en 650 millones de litros (que llenarían 260 piscinas olímpicas) pero más controvertido ha sido, hasta hace poco, qué pasó con el crudo que faltaba. En contra de lo defendido por las petroleras, mucha parte del crudo no se desvaneció sino que se quedó atrapada en el fondo marino a pesar de que su densidad sea menor a la del agua. Los oceanógrafos de la Florida State University han demostrado recientemente que el vertido dejó una capa de 23 a 38 millones de litros de crudo mezclados con arena en el fondo marino del golfo de México, cubriendo un área entre 2.000 y 3.200 km2 alrededor de la boca del pozo. Una capa que por lo tanto sigue amenazando el entorno marino proporcionando una exposición continuada de todos los niveles de la cadena alimentaria marina al contaminante.

La amenaza del petróleo afectó al menos a 400 especies en el golfo de México y, cinco años más tarde, 20 especies siguen sufriendo los impactos del vertido: según la National Oceanic and Atmospheric Administration – NOAA la mitad de la población de delfines sufre graves efectos de salud debido a la exposición al vertido; el ratio de varamientos de tortugas ha aumentado cinco veces desde el vertido y ya hay indicios de perturbaciones en la cadena alimentaria marina.

Además, hay estudios que indican como las cantidades de petróleo residual en el golfo de México están provocando malformaciones cardíacas en juveniles de atún rojo y de otras especies que perjudican seriamente la viabilidad de los mismos con potenciales impactos a escala global.

La experiencia de lo que 26 años después aún acontece a causa de otro vertido catastrófico, el hundimiento del Exxon Valdez, indica que la recuperación va a ser un proceso muy largo y difícil. Aún no se han recuperado del todo las poblaciones de al menos 8 especies entre aves y mamíferos marinos y no han empezado siquiera a recuperarse las poblaciones de arenques y de araos colombinos.

El petróleo, en todas y cada una de sus etapas, presenta riesgos intrínsecos que no podemos obviar: tanto en la extracción (Deepwater Horizon), como en su transporte (Exxon Valdez) o uso (lo que está ocurriendo en estos días en Canarias y las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero generadas por su quema), son una muestra de ellos. Este combustible, refinado, se usa mayoritariamente para mover personas y mercancías en un sector, el del transporte, en pleno auge. Para alimentar este sector se diseñan políticas energéticas orientadas a satisfacer su creciente hambre de crudo. En España es lo que ha pasado con el actual Gobierno por promover la búsqueda de crudo en aguas profundas independientemente de los riesgos sociales y ambientales. A pesar de la enorme dependencia energética española del exterior, las políticas de energía y de transporte carecen de una coordinación que podría reducir la ingente demanda de crudo.

Desde 1978 no hay un plan de electrificación del ferrocarril en España y todavía hoy más del 30% de las líneas no está electrificado. Pero los tiempos vuelan y las opciones de movilidad cooperativa cada vez son más atractivas; el coste de las baterías está cayendo más rápido de lo previsto y hoy ya cuestan lo que se estimaba para 2020. Además, según el National Bank of Abu Dhabi, la energía solar compite ya con el petróleo a un precio de 10$/barril.

Entonces, ¿qué pasaría si de repente las políticas de transporte y energía convergieran resolviendo los retos de ambas con renovables, ahorro, eficiencia energética y gestión de la demanda?

La electrificación con renovables es clave para desplazar el petróleo y sus emisiones en el sector del transporte pero no es la única acción necesaria. De hecho, un sistema de transporte inteligente debe ser capaz de cambiar el enfoque de la movilidad hacia la accesibilidad, a través de la diversificación de usos de diseño urbano y la promoción del comercio local, llevando a la reducción de la demanda de transporte y la movilidad. Es fundamental que la satisfacción de los servicios de movilidad se lleve a cabo con una gran reducción en el consumo de energía gracias a vehículos eficientes, altos niveles de ocupación a través de servicios de movilidad compartidos y una gestión de los servicios óptima. Al mismo tiempo, los usuarios deberán participar en la operación y gestión de la red de energía proporcionando servicios de gestión de la demanda de valor, facilitando así la integración de electricidad 100% renovable en todo el sistema eléctrico.

La incorporación de la inteligencia económica en este sector es clave. Las ganancias del sector tienen que dejar de estar vinculadas con el número de vehículos vendidos y conectarse con los servicios de movilidad con un consumo de energía mínimo y el máximo confort para los usuarios. En resumen, lo que a escala municipal plantea el Ciudades con Futuro que presentamos para inspirar a los municipios sobre cómo llegar a Emisiones Cero para 2050. Con este enfoque aplicado a los municipios, España podría reducir ya para 2030 un 30% de su demanda de petróleo tal y como demostrábamos al Gobierno en nuestro rechazo a su política favorable a la exploración petrolífera en la costa española.

El petróleo no convencional es tan arriesgado como innecesario. Un sistema 100% renovable, eficiente e inteligente en el que la gestión de la demanda tenga un papel clave puede aliar dos sectores tan interdependientes y tan de espaldas el uno del otro: el energético y el del transporte. Juntos ahora suponen más de la mitad de las emisiones de CO2 y juntos también pueden suponer el motor de un sistema de Cero Emisiones.

 

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