Competitividad o economía vudú

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Artículo publicado en tendenciasenenergia.es

El maestro de historiadores de la economía Josep Fontana acaba de publicar un magnífico libro sobre la historia del mundo desde 1945 titulado “Por el bien del Imperio” donde en el capítulo que dedica a los “Reaganomics” describe la génesis de la “economía-vudú” que a través de la bajada de impuestos y la desregulación de la economía desde los años setenta, convirtió a EE.UU. en el mayor deudor del mundo generando un ola especulativa que terminó en la crisis financiera de 2007.

Cuando hemos visto en EE.UU., en toda Europa y ahora en España, el sistema financiero rescatado y subvencionado al 100% con dinero público, con el amparo de todos los poderes del Estado, cuesta creer que todavía triunfen las mismas ideas que despreciando lo público acaban pidiendo el rescate al Estado a costa de incrementar las desigualdades y la pérdida de cohesión social.

El paralelismo entre el mundo de los bancos y el de la energía es mucho mayor del que se cree. La forma de afrontar el problema del déficit de tarifa es el mejor ejemplo. Tanto las eléctricas como el Ministro Rato, pensaron en 2002 que bajando el recibo de la luz a precios constantes todos saldrían ganando porque la diferencia primero la pagarían los bancos y después los consumidores. Cuando los bancos no pueden pagar, el déficit se convierte en deuda pública y no para de crecer. Pero con la crisis aparece otro problema imprevisto como el descenso constante de la demanda eléctrica. El negocio que se había basado en alzas constantes del consumo y precios que se cobraban a largo plazo entra en barrena. La economía-vudú queda al descubierto.

¿Cómo mantener los ingresos del sistema eléctrico? Lo racional sería cambiar el modelo sustentado en el mayor consumo de hidrocarburos importados del exterior por otro basado en el ahorro de energía y el mayor consumo de fuentes autóctonas como las renovables. Es un modelo que favorece la competitividad de la economía al reducir los principales costes de dependencia e intensidad energéticas equivalentes a más del 5% del PIB. Pero el Gobierno ha optado por mantener el mismo modelo que fue creado mucho antes de que las renovables se desarrollaran en España y que ha generado el problema creado por un oligopolio que se retribuye al precio de la energía más cara, que es el gas y el carbón, sin transparencia de precios ni competencia.

Convertir las renovables en gasto público llevándolas a los presupuestos es el paso previo para suprimir el ahorro y las renovables de la política energética sin que nadie repare en lo irracional de la decisión. Ya se retiraron los fondos para eficiencia y ahora tocan las primas renovables cuyo coste es once veces inferior al de las importaciones energéticas. Que eliminando las renovables bajará el precio de la luz y se acabará el déficit tarifario es economía-vudú. ¿Aprenderemos de la historia?

Javier García Breva

Presidente de la Fundación Renovables

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