La sustitución del queroseno fósil por combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) es hoy la principal alternativa para reducir las emisiones del transporte aéreo. Estos combustibles son sostenibles porque sustituyen el crudo que se usa como materia prima por otros que pueden tener su origen en materia orgánica (bio-SAF) o en materia transformada a través de procesos químicos alimentados por electricidad obtenida de fuentes renovables (e-SAF).
Los SAF son la solución con mayor grado de madurez tecnológica. Permiten reducir las emisiones sin necesidad de modificar la flota actual ni las infraestructuras de suministro de combustible. Los SAF certificados son combustibles “drop-in”, es decir, pueden mezclarse con el queroseno convencional y utilizarse en los motores existentes cumpliendo los requisitos establecidos por la normativa aeronáutica.
Precisamente por tratarse de la alternativa más inmediata, tanto la Unión Europea (UE) como la Organización de Aviación Civil Internacional (ICAO) han desarrollado diferentes instrumentos regulatorios destinados a acelerar su implantación, como la obligación de incorporar un porcentaje mínimo de combustibles sostenibles – Reglamento (UE) 2023/2405 (ReFuelEU Aviation)-, o el incrementan de los costes económicos asociados al uso de combustibles fósiles.
El transporte es uno de los principales sectores emisores de gases de efecto invernadero (GEI) de origen antropogénico. Según el Sexto Informe de Evaluación del IPCC, genera alrededor de 8.900 Mt de CO₂ equivalentes al año, lo que representa, aproximadamente, una cuarta parte del consumo energético final mundial.
Dentro de este sector, la aviación tiene un peso relativamente reducido, representando, aproximadamente, el 2-3 % de las emisiones de CO₂ y alrededor del 3 % del consumo energético del transporte. Sin embargo, esta menor contribución no implica que su descarbonización deba relegarse. Al contrario, se trata de uno de los sectores más difíciles de electrificar y, por tanto, uno de los mayores desafíos de la transición energética.
Limitaciones y propuestas
En su nuevo informe, la Fundación Renovables detecta cuatro grandes limitaciones de esta tecnología. En primer lugar, la disponibilidad de materias primas. La sostenibilidad de los biocombustibles depende, en gran medida, de este punto.
Las materias primas de primera generación, obtenidas a partir de cultivos agrícolas, ofrecen elevados rendimientos y tecnologías plenamente maduras, pero generan importantes impactos ambientales asociados al cambio de uso del suelo, la pérdida de biodiversidad y la competencia con la producción de alimentos. Por este motivo, la normativa europea limita progresivamente su utilización y prioriza el empleo de residuos y desechos.
Por tanto, resulta imprescindible continuar impulsando la investigación, el desarrollo y el despliegue industrial de tecnologías que permitan diversificar las fuentes de materia prima más allá de los residuos convencionales, mediante el aprovechamiento de recursos potencialmente más abundantes, como las microalgas, los residuos urbanos de difícil valorización o los combustibles sintéticos producidos a partir de hidrógeno renovable y CO₂ capturado.
La dependencia del exterior es otro cuello de botella. Incluso alcanzando tasas elevadas de recogida y valorización, la disponibilidad de residuos en la UE difícilmente será suficiente para cubrir la demanda futura de BioSAF. Esto podría traducirse en una dependencia creciente de materias primas importadas, como aceites de cocina usados (UCO), grasas animales u otros residuos.
Una primera línea de actuación debería centrarse en reforzar la trazabilidad y el control del origen de las materias primas, garantizando que los residuos utilizados cumplen los criterios de sostenibilidad y evitando posibles prácticas de fraude o doble contabilización.
La alta mezcla con queroseno convencional y las barreras fiscales completan este cuadro de limitaciones. Frente a estas limitaciones, es necesario apostar por el desarrollo de formulaciones y aditivos que permitan reproducir las características que actualmente aporta el queroseno fósil y una reforma fiscal orientada a gravar el combustible contaminante y a incentivar su alternativa, como la reducción del IVA a los SAF.
Los electrocombustibles
En un segundo informe, la Fundación Renovables analiza el avance de los electrocombustibles (e-Saf), combustibles sintéticos producidos utilizando electricidad como fuente de energía.
A diferencia de las baterías, que almacenan la electricidad y permiten utilizarla directamente mediante una reacción electroquímica reversible, los electrocombustibles emplean la electricidad para sintetizar una materia prima que posteriormente se quema para ser utilizada como combustible.
Una ventaja es que esta solución presenta características casi idénticas a las del queroseno convencional, lo que permite aprovechar, con las adaptaciones necesarias, la infraestructura existente de almacenamiento, distribución y repostaje, así como los motores y aeronaves actuales.
Sin embargo, fabricar e-SAF requiere enormes cantidades de hidrógeno renovable y electricidad limpia, lo que encarece sustancialmente el coste por litro respecto al combustible fósil convencional.
La Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA) estima un coste de producción promedio de 7.520 € por tonelada, una cifra 12 veces superior al precio del combustible de aviación convencional (CAF), que se sitúa en 640 € por tonelada, según los índices reales de mercado.
-Puedes acceder a los informes aquí y aquí.