La Estrategia de Pobreza Energética del Gobierno mantiene el modelo asistencialista y no fija objetivos de reducción

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La Estrategia Nacional de Pobreza Energética (ENPE) no aporta nuevas soluciones que atajen el problema estructural y perpetúa la burocratización de las ayudas.

No se amplía la prohibición de cortes de suministro a todos los hogares, siendo solo permitidos en las viviendas que se benefician del bono social térmico.

Madrid, 19 de febrero de 2026. La Fundación Renovables lamenta que la última actualización de la Estrategia Nacional de Pobreza Energética (ENPE) 2026-2030 mantenga el modelo asistencialista y no incluya grandes reformas estructurales para resolver un problema que, según datos del Eurostat, afecta a cerca del 20% de la población española.

Esta misma semana, con motivo de la Semana Europea de la Pobreza Energética, la Fundación Renovables reclamaba que la ENPE dejara de lado el modelo asistencialista y exigía cambios estructurales. Lamentamos que la actualización de la Estrategia no recoja esa premisa básica y no incluya cambios significativos.

La renovación de este documento, que es la planificación estratégica de aquí a finales de década para combatir la pobreza energética, carece una vez más de objetivos específicos de reducción, nuevos indicadores actualizados y mecanismos de evaluación y monitorización durante la aplicación de esta. La no inclusión de metas es una decisión que carece de sentido y que impedirá, además, mejorar la transparencia y la medición del impacto de las políticas públicas en la materia.

Además, la estrategia sigue sin automatizar el acceso al bono social que es, sin duda, uno de los grandes defectos del sistema actual. Según los últimos datos de ESADE y Oxfam Intermón, ocho de cada diez potenciales beneficiarios del bono no logran acceder a él debido a la burocratización y la falta de información.

El Ministerio para la Transición Energética, por otro lado, tampoco ha redefinido el concepto de consumidor vulnerable, lo cual hace que sólo estén dentro de esta categoría aquellos que perciben el bono social. De esta forma, ese 80% que no logra acceder a esta ayuda, además, queda desprotegido, puesto que la reforma solo prohíbe los cortes de suministro a aquellos hogares que entran dentro de la categoría de vulnerables.

La redefinición de los hogares vulnerables desde el punto de vista energético debe revisarse con urgencia, ya que no sólo atañe aquellos ciudadanos con imposibilidad de pagar facturas para aclimatar sus hogares, sino a aquellas personas que habitan en viviendas que no son eficientes desde el punto de vista energético. Esto nos obliga a reflexionar sobre una triste realidad, como que sólo el 14% de la población española habite en hogares que han sido rehabilitados recientemente para conseguir confort térmico en invierno y verano, datos de Eurostat.

Desde Fundación Renovables, no en vano, celebramos que sí se hayan avanzado en determinadas temáticas respecto a la anterior ENPE. Es el caso de la inclusión de una perspectiva de género que reconoce, por primera vez, que la pobreza energética está feminizada, afectando en mayor medida a la población femenina. En esa línea, se mejora el diagnóstico de la situación y las implicaciones de vivir en situación de pobreza energética en mitad de un contexto de emergencia climática.

Sorprende, por ello mismo, que la mejora del diagnóstico no venga acompañada de reformas y objetivos de calado que permitan ampliar los marcos de actuación y elevar la protección de la ciudadanía, entendiendo que el acceso a la energía debe ser universal y que cualquier bono social debe tener una mirada progresiva. Se celebran, por el contrario, medidas importantes como la futura creación de un Observatorio de la Pobreza Energética que permita enriquecer la obtención y gestión de los datos relativos a esta problemática social, aunque es imprescindible que su única gestión no sea de observación, sino de movilización de fondos y ejecución de proyectos.

España debe elevar su ambición y poner todo su empeño en implementar cambios estructurales que dejen de lado el modelo asistencialista que impera en la actualidad. Es incompatible que el país sea el líder de crecimiento económico dentro de la UE, mientras se sitúa como cuarto país con peor tasa de pobreza energética.

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