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Pobreza energética, tarifa eléctrica y más

10 marzo, 2015

7.000 son las muertes prematuras que se estimaron en 2012 causadas por la imposibilidad de mantener los hogares de unos 7 millones de personas a temperaturas adecuadas. Un dato difícil de digerir en un contexto de democracia y en el que se supone que el acceso a la energía es un derecho básico.

En la pobreza energética concurren una combinación de ingresos bajos (que afectan a más familias con la crisis) e incrementos de precios de la energía, combinados con bajos niveles de eficiencia energética de viviendas y servicios. Tras décadas de retraso en la introducción de criterios de eficiencia energética en la edificación nos encontramos con la cara insolidaria de esta decisión política. Al igual que retrasar y obstaculizar ahora el Autoconsumo con renovables en los hogares, otra herramienta para evitar que los ciudadanos puedan tomar el control de su energía, empoderarse y ahorrar dinero. Dos hechos ante los que la Fundación Renovables se ha permanentemente rebelado creando numerosas propuestas y quejas.

Por tanto, además de facilitar a las familias que padecen pobreza energética el acceso gratuito a auditorías para mejorar el uso de la energía y ayudas para la rehabilitación en clave energética de sus viviendas, hay que considerar la necesidad de sustituir las fuentes no sostenibles por renovables para reducir el coste global del sistema así como hacer que la tarifa eléctrica mande señales claras en favor del ahorro y de la eficiencia energética y sea incluyente.

También el tipo de sistema energético influye de manera considerable: las ventajas permanentes para los consumidores de un sistema fuertemente renovable, eficiente e inteligente, se podrían extender a los hogares con ahorros en sus facturas energéticas de hasta un 34% en el año 2030 respecto a 2012, según un reciente informe de Greenpeace. El estudio contempla un sistema energético basado en renovables al 95% ya en 2030.

Además, es necesario reformar la tarifa eléctrica para que sea instrumento de un nuevo modelo energético descarbonizado y sostenible que racionalice la demanda y optimice la oferta (generación distribuida, Autoconsumo y generalización de las renovables, ya más baratas que otras opciones).

Muchos son los elementos que hacen del suministro eléctrico en España uno de los más caros de Europa para los hogares, en gran parte resultado de fallos regulatorios que permiten una elevada retribución de algunas tecnologías de generación, en particular nuclear e hidráulicas, ya en gran parte amortizadas; de la situación dominante del oligopolio eléctrico que impone sus intereses; y de la amortización e intereses del sobrevenido Déficit Tarifario. Este se justifica como diferencia entre lo que las eléctricas dicen han pagado los consumidores y lo que las mismas eléctricas definen que son sus “costes reconocidos” (el zorro guardando el gallinero).

Estos elementos junto con otros adicionales que concurren en el régimen actual (pago estatal de derechos de emisión de CO2 gratuitos para grandes empresas contaminantes, pagos por capacidad, financiación del carbón nacional…) permiten señalar que el simple cambio del marco regulatorio reduciría los llamados costes reconocidos y sin incrementar el Déficit de Tarifa.

¿Por qué no utilizar este margen de mejora obteniendo al mismo tiempo una reducción del precio de la electricidad para los usuarios y la eliminación de mecanismos inclusivos que permitirían asegurar un mínimo acceso a la energía?

En el momento actual los que menos consumen financian a los que más consumen cuando debía ser lo contrario. Esto lo provoca otro elemento distorsionante de la actual tarifa eléctrica que ha aumentado el peso de la parte fija, del término de potencia (dependiente de la potencia contratada) en el recibo de la luz respecto al que deriva del consumo, desincentivando la racionalización del consumo energético.

Si vamos a invertir dinero, como tiene que ser, en erradicar la pobreza energética no puede ser un parche que mantenga a los hogares en permanente dependencia. Deberá haber programas específicos para la reducción de la demanda, rehabilitación, promoción del Autoconsumo con renovables para los hogares en riesgo de exclusión energética. En definitiva, destinar  recursos para cambiar permanentemente la situación.

Al mismo tiempo, hay que cambiar las señales del mercado (tarifa) para que vayan en la misma dirección y ¿por qué no?, mutualizar la tarifa eléctrica introduciendo un “módulo de inclusión” o consumo básico gratuito para hogares en riesgo de exclusión energética una vez agotados los mecanismos de inclusión anteriores.

Una buena regulación para resolver ya los fallos manifiestos de la actual configuración de la tarifa llevaría a una disminución inmediata de los costes reconocidos y al mismo tiempo la liberación de fondos para ello. ¿A qué esperamos?

 

 

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