No todo es CO2: los gases ocultos que elevan la huella climática de la aviación 

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Fundación Renovables pone el foco en el problema oculto del No-CO2, gases que aceleran el calentamiento del planeta sin que apenas haya regulación para combatirlos. 

El impacto de los no-CO2 no es una externalidad que el mercado pueda corregir por sí solo. Sin una normativa clara, las aerolíneas no tienen incentivos para llevar a cabo medidas de mitigación. 

Madrid, 27 de julio de 2026.- En los cinco primeros meses del año llegaron 36,8 millones de turistas a España, un 5% más que en el mismo período de 2025. Para dimensionar el número: cada día arriban más de 270 mil visitantes, muchísimos de ellos en aviones. Según el informe anual de AENA, en 2025 se registraron 2,7 millones de vuelos desde y hacia aeropuertos españoles, con un número total de pasajeros de 321 millones. 

En este contexto, con un sector de la aviación en fase de crecimiento, los retos climáticos cobran aún más relevancia. El uso de combustibles fósiles en la aviación comercial representa el 2,5 % del CO2 global. Pero esta cifra no cuenta la historia completa. El último informe de la Fundación Renovables pone el foco en el problema oculto del No-CO2, gases que aceleran el calentamiento del planeta sin que apenas haya regulación para combatirlos. 

Esta lista la componen el óxido de nitrógeno (NOx), el vapor de agua a gran altitud y los cirros de estelas (contrails en inglés), las partículas (aerosoles), el hollín (carbono negro), el óxido de azufre (SOx) o aerosoles de sulfato, el monóxido de carbono (CO), el metano (CH4) y otros, como son el óxido nitroso (N2O) y los compuestos orgánicos volátiles en cantidades muy pequeñas. 

El túnel de carbono de la aviación 

Mientras que el daño derivado del CO2 es acumulativo y se proyecta a largo plazo, los efectos de los no-CO2 son inmediatos y están vinculados directamente al volumen de tráfico aéreo de cada momento. Bajo esta premisa, el escenario actual es crítico tras alcanzar en 2025 la cifra récord de 11,12 millones de vuelos en Europa. 

De todos estos gases, el NOx y los cirros de estelas son considerados como los principales contribuyentes al calentamiento de la Tierra. La fuente principal de NOx es la combustión de combustibles fósiles como petróleo, carbón o gas natural. Bajo la influencia de la radiación solar, los NOx reaccionan con otros elementos del aire para generar ozono troposférico, que se acumula contribuyendo al calentamiento global. 

Cuando estos contaminantes entran en contacto con la humedad ambiental, se transforman en ácido nítrico. Este compuesto permanece en la atmósfera hasta que regresa a la superficie en forma de lluvia ácida. Más allá de su papel en el calentamiento global, el impacto de los NOx es devastador para los ecosistemas acuáticos. Por una parte, aumentan la acidez de lagos y suelos y, por otra, actúan como un fertilizante excesivo que dispara el crecimiento de algas en ríos y mares. Este fenómeno, conocido como eutrofización, agota el oxígeno del agua, provocando que los peces y otras especies mueran por asfixia en un entorno que se vuelve literalmente inhabitable 

La necesidad de regulación 

El impacto de los no-CO2 no es una externalidad que el mercado pueda corregir por sí solo. Sin una normativa clara, las aerolíneas no tienen incentivos para llevar a cabo medidas de mitigación. Y sin estas medidas de mitigación, bien orientadas a la disminución de las emisiones, las aerolíneas no podrán saber por dónde empezar. La única forma de conseguir una mitigación eficiente pasa por obligar a los actores a cumplir con estándares de sostenibilidad. 

Además, dado que estos efectos son instantáneos y dependen del tráfico diario, no se puede esperar 20 años a que la tecnología evolucione. Hasta la fecha, no existe ninguna regulación internacional vinculante que limite específicamente las emisiones no-CO2., El enfoque actual es más de seguimiento que de reducción obligatoria. Es por ello, que las organizaciones medioambientales y sociales proponemos estructurarlo en tres ejes estratégicos:  

  • Medidas financieras: las de mayor aceptación por parte del sector privado. El establecimiento de impuestos alNOxo su inclusión en el EU ETS/RCDE.  
  • Acciones sobre los combustibles: la palanca tecnológica. Medidas orientadas a reducir los compuestos aromáticos y fomentar el uso de combustibles SAF para mitigar las emisiones de partículas de hollín y la formación de cirros.   
  • Mejoras en la gestión del tráfico aéreo: la forma más rápida y barata de reducir los efectos no-CO2. Mediante la optimización de trayectorias para evitar zonas de sobresaturación de hielo y la creación de un impuesto climático integral que contemple todos los efectos no-CO2. 

En resumen, el informe explica por qué se necesitan políticas que premien no solo el origen del combustible -como hace el ReFuelEU Aviation, por ejemplo- sino las iniciativas sobre nuevas tecnologías, y cambios en la gestión de las operaciones de los vuelos.   

 

 

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