Cambio climático: desafíos y oportunidades

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Domingo Jiménez Beltrán
Ex Director de la Agencia Europea de Medio Ambiente

Fernando Ferrando
Presidente de la Fundación Renovables

España es, sin duda, uno de los países más afectados por el cambio climático, aunque también puede ser uno de los más beneficiados por su mitigación y por el obligado cambio del modelo energético, dado su gran potencial en fuentes de energía renovables y el papel tractor que la energía tiene en el proceso productivo.

La situación de partida no es buena, tanto por la alta dependencia energética como por la baja electrificación del sistema energético nacional, lo que en principio no favorece especialmente la penetración de las renovables. Aunque el margen y el potencial de mejora es muy grande. El cambio climático nos ha cargado de razón para acometer este cambio de modelo —en cualquier caso, necesario—lo antes posible y de forma disruptiva, a tenor de los avances tecnológicos disponibles y de la aceptación social de estos.

Este cambio requiere no solo objetivos más ambiciosos que los actuales para 2030, sino también adoptar unas políticas de acompañamiento que los hagan viables. Para ello, basta con sumarse más decididamente al impulso de la Unión Europea y, especialmente, al Marco sobre clima y energía para 2030 en el que la meta de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) se ha elevado del 40% al 55%.

Necesitamos, por tanto, romper decididamente las cautelas que impregnan el actual Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, PNIEC 2030, que propugna una transición más lenta para el sistema energético y económico español, fijando un objetivo de reducción de tan solo el 23% frente a este 55% comunitario.

Lo que planteamos implica la revisión del PNIEC, prevista para 2023, para alinearlo con este objetivo comunitario de reducción de emisiones del 55%, o al menos acercarlo al 50%, objetivo propuesto por la Fundacion Renovables. Para conseguirlo debemos considerar como objetivo la electrificación de la demanda final de energía, incrementando el 27% del plan actual al 50%, y que de esa generación de electricidad el 80% sea con energías renovables, objetivo cercano al propuesto por el PNIEC que es del 74%.

Apostar por la electricidad es apostar por la eficiencia, por las emisiones cero en la cobertura de las necesidades, por rebajar el coste, ya que la forma más barata de generarla es con fuentes renovables; hacer que el consumidor participe de forma activa no solo en la generación, sino también conseguir que la demanda intervenga en la gestión del sistema y que el consumo sea eficiente. Además, la electrificación de la demanda abre la posibilidad de asumir el hidrógeno verde o los gases sintéticos en su momento, para cubrir aquellas necesidades que no son fácilmente electrificables como son algunos procesos industriales y el transporte pesado y de larga distancia.

La evolución desde los modelos actuales de oferta amplia y flexible a otros en los que se priorice la gestión de la demanda, supone que el número de agentes activos se amplie a todos los consumidores y lleva implícito reducir el sobredimensionamiento de las infraestructuras y de las plantas de generación.

Las inversiones que serían necesarias movilizar en España para implantar una potencia renovable adicional de 85.000 MW hasta 2030, pasarían de la nada desdeñable cifra de 52.000 M€, según el actual PNIEC, a 80.000 M€.

Pero, la apuesta por las renovables exige también procesos de mayor inclusión territorial y social, requiere el desarrollo de comunidades energéticas, del autoconsumo colectivo y de la generación distribuida de electricidad, iniciativas con las que fomentar la participación y aceptación de la ciudadanía y, en particular, de las poblaciones cercanas a las iniciativas renovables. Todo ello como contraposición a un modelo energético centralizado y extractivo que no tiene en cuenta el equilibrio y la cohesión del territorio y que ha propiciado la campaña “Renovables SÍ, pero así NO”. Alcanzar el 100 por 100 de cobertura de la demanda con renovables requiere ordenar de forma inclusiva el uso del territorio con el objetivo de darle la vuelta al lema y convertirlo en un “Renovables SÍ, y así “.

Mejorar e incentivar el PNIEC 2030 implica su revisión y desarrollo a nivel regional, lo que facilitaría las reservas necesarias de suelo y el desarrollo de modelos territoriales en red, de manera que los nodos, los municipios, los polígonos industriales, las explotaciones agrarias…, puedan maximizar la autosuficiencia conectada. Por otro lado, no hay que olvidar, a escala nacional, los sistemas de valorización de la biodiversidad que permitan emitir certificados que aseguren los impactos incrementales de los proyectos renovables de mayor tamaño.

El cambio de modelo necesita eficiencia y responsabilidad en el consumo y que el despliegue de las renovables se haga de forma sostenible, inclusiva y que sea aceptado por la sociedad para que los recursos naturales como el sol, el viento y el agua sigan siendo de todos.

*Artículo publicado en el libro “Estructura Económica de España – 2022 (26ª Edición). Ramón Tamames y Antonio Rueda.

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