La Fundación Renovables considera un error histórico la decisión del Gobierno de prolongar la vida de la central nuclear de Almaraz

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  • Esta resolución compromete el calendario de cierre del resto de centrales, lastra el desarrollo renovable y pone en riesgo el cumplimiento de todos los objetivos del PNIEC.
  • El incumplimiento de la hoja de ruta energética es la constatación de la falta de credibilidad de las promesas del Gobierno.
  • Los efectos sobre la política energética y la gestión de residuos afectarán a nivel económico a toda la ciudadanía.

 

Madrid, 14 de agosto de 2026. La Fundación Renovables considera un error histórico a nivel de política energética la decisión adoptada este viernes por el Gobierno de prolongar hasta 2030 la vida de la central nuclear de Almaraz. Esta medida supone echar por tierra toda la política y planificación energética de la última década, comprometiendo la viabilidad de las renovables y de la electrificación a 2030, los verdaderos y únicos pilares de nuestra independencia energética. Además, el incumplimiento de la hoja de ruta energética es la constatación de la falta de credibilidad de las promesas del Gobierno, que se ha doblegado a la voluntad del sector eléctrico.

Con esta resolución, fruto de la presión de las empresas propietarias de las centrales, que ven peligrar su hegemonía y beneficios, el modelo energético español, basado en las renovables, sufre una herida de muerte. Además, la credibilidad de España queda dañada al alterar su plan energético (PNIEC) y el 7º Plan General de Residuos Radiactivos, que tendrán que modificarse, con un encarecimiento de costes de la gestión de residuos y su traslado a la tarifa eléctrica. Cabe esperar que esta decisión genere un “efecto dominó” y altere el calendario de cierre del resto de las centrales españolas, lo que agravaría la situación todavía más.

Uno de los efectos adversos de esta prolongación es que Almaraz no va a aportar ninguna ventaja significativa en términos de seguridad de suministro. En cambio, tendrá un coste económico elevado -3.831 millones de euros para los consumidores hasta 2033, según la reciente estimación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC)- y actuará como freno al despliegue de renovables y almacenamiento, con un impacto negativo acumulado sobre las emisiones.

Como evidenciamos en nuestro informe “Más renovables y menos nuclear. Escenarios de saturación de la demanda eléctrica”, la nuclear supone una limitación para el despliegue de nueva potencia renovable en España. La extensión nuclear saturará la demanda energética mucho antes que en el caso de mantenerse un cierre nuclear ordenado y escalonado como el que está pactado actualmente. A este efecto se le pueden sumar otros problemas, como el aumento de las horas con precios negativos o la saturación de los nudos del sistema eléctrico en las ubicaciones próximas a las centrales nucleares.

La disponibilidad de recursos renovables y de tecnología madura en fase comercial supone que podemos generar electricidad, de forma segura, sostenible y más barata que el resto de los países de la Unión Europea (UE), por recursos energéticos y por disponibilidad de terreno. En España solo disponemos de energías renovables: sol, viento, agua y biomasa. Y, por suerte, en abundancia para que nuestra independencia y garantía de suministro está asegurada.

En definitiva, la defensa del cierre de Almaraz no es un capricho ni un arrebato ideológico. Es una postura sustentada en evidencias y en el compromiso adquirido dentro de la propia Ley de Cambio Climático, que contiene y ampara los objetivos vinculantes del PNIEC.

 

 

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