Luisa Castillo
Responsable de movilidad y ciudades
Cada mañana, millones de personas en España repiten el mismo ritual: salir de casa, coger el coche, comerse un atasco, buscar aparcamiento y, por fin, llegar a su puesto. Según el Censo de Movilidad 2021 del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 60% de los desplazamientos que hacemos los españoles responden a movilidad por trabajo y estudios, el tipo de viaje menos flexible y más repetido de nuestras vidas.
El coche, el protagonista
Desde hace unos años, los centros de trabajo se han ido desplazando hacia las afueras de las ciudades, y hemos ido experimentando cada vez más y más atascos provocados por los miles de vehículos particulares que realizan la misma ruta todas las mañanas. El 62,1% de los españoles se desplaza al trabajo en coche, y no es porque las distancias lo exijan, sino porque no siempre hay un transporte público y de calidad previsto que te lleve hasta tu centro.
La consecuencia se ve -y se sufre también- una vez que llegamos a las zonas de trabajo. En una oficina con 80 plazas de aparcamiento y 150 empleados, la mayoría tiene que buscar aparcamiento en otro lugar. Según el INE, en 2025, las tres ciudades que registraron más trayectos cortos (de entre 20 y 40 minutos) para ir al trabajo fueron: Barcelona, con 176.470 personas que se desplazan a diario; en Zaragoza, con 98.055; y en Sevilla, con 96.736. Este problema se resolvería si existieran otras formas de llegar a los puestos de trabajo, evitando tener que aparcar y sufrir cuellos de botella en todos estos viajes.
Lo que nos cuesta en calidad de vida
Una encuesta sobre commuting (desplazamientos initínere) elaborada años atrás por la consultoría Michael Page sitúa el trayecto medio al trabajo en España en 36 minutos puerta a puerta. La cifra suena bien hasta que se cruza con otro dato de la misma encuesta: el 40% de quienes usan transporte público califican el trayecto como estresante, por la mala calidad del servicio (falta de puntualidad, imprevistos, días de clima adverso, etc.). Esto contrasta con la realidad de los 1,2 millones de personas que hacen trayectos in itinere de hasta 40 kilómetros todas las mañanas: el 60% del tiempo van a 20 km/h, lo que significa que tardan más de hora y media en llegar. No es solo un problema de tiempo, es un problema de ausencia de otras opciones.
Un informe conjunto de la DGT y el IDAE sobre movilidad al trabajo enumera con los costes que arrastra este modelo: peor calidad del aire, más emisiones de CO2, contaminación acústica, sedentarismo, más accidentes de tráfico y unos costes externalizados que hacen que el coche privado nos salga demasiado caro.
El reto pendiente: planificar la movilidad al trabajo como un servicio público más
Hasta ahora, elaborar uno de estos planes ha sido una decisión voluntaria, adoptada por las empresas más sensibilizadas con su impacto social y ambiental. Eso ha cambiado con la Ley de Movilidad Sostenible: su artículo 26 obliga a los centros de trabajo con 200 o más personas empleadas (o 100 por turno) a contar con un Plan de Movilidad Sostenible al Trabajo.
El reto ahora no es solo cumplir el trámite, sino hacerlo bien: que estos planes piensen la movilidad de la organización como un todo (infraestructuras, aparcamiento, transporte público, bicicleta, intermodalidad) y no como una suma de medidas sueltas para salir del paso. Y para que ese salto sea posible, hace falta que las administraciones pongan sobre la mesa alternativas reales al coche. Algunas ya están funcionando, dentro y fuera de España:
-Transporte público gratuito entre ciudades. Castilla y León ha implantado la tarjeta BUSCyL, ofreciendo transporte público y gratuito para personas empadronadas en los municipios de la comunidad: más de 2.600 rutas, 243 concesiones y 111 empresas operadoras. Es la primera gratuidad universal del transporte en autobús financiada íntegramente por una comunidad autónoma.
-Transporte a la demanda. El proyecto xCuenca conecta los municipios del entorno de la ciudad con el centro urbano y la estación de AVE mediante un servicio supramunicipal financiado con fondos del Plan de Recuperación del gobierno.
Sin embargo, mientras se ensayan estas soluciones, el nuevo Mapa Concesional estatal de transporte por carretera prevé suprimir unas 300 paradas de autobús, lo que significa que sin vehículo privado no podrá llegarse a ningún sitio.
Facilitar la movilidad al trabajo es, a la vez, una cuestión de calidad de vida y de justicia territorial. Solo falta la voluntad de convertir la excepción en la norma: que los Planes de Movilidad Sostenible al Trabajo pasen a ser el mapa que reorganice cómo nos movemos cada mañana.