Solarpunk para un futuro deseable

Ejemplo ilustración de estética solarkpunk —Ilustración de Gonzalo Gómez
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Gonzalo Gómez
Responsable de tecnologías renovables de Fundación Renovables

Es bien sabido que la ficción, como medio narrativo popular, refleja los ánimos de la sociedad que la produce. A lo largo de la historia, las principales ansiedades, esperanzas y emociones que han dominado el discurso público pueden apreciarse, de manera más o menos explícita, a través de las creaciones culturales de cada época. El cine, la literatura o el arte siempre han servido para canalizar descontentos, recrear anhelos o, simplemente, ensalzar la estética preferida del momento. 

En la actualidad, no es necesario analizar con demasiado detalle la cartelera del cine ni los rankings de venta de libros para hacerse una idea del estado de ánimo general que ha predominado en los últimos tiempos. Al menos en lo que se refiere a la percepción social de la crisis climática y el sistema que la sostiene, encontramos una abrumadora resignación ante el estatus quo. A esto se le suma un pesimismo generalizado sobre nuestro destino colectivo, percibido como un futuro desolador irremediable, como si fuera ya demasiado tarde para actuar de forma efectiva frente al calentamiento global y el colapso social. 

Este imaginario colectivo distópico no ha surgido de la noche a la mañana, sino que se ha construido gradualmente a lo largo de décadas de destrucción medioambiental a gran escala, capitalismo corporativo implacable y crisis energéticas globales generadas por gobiernos y oligopolios empresariales a partes iguales. Echando la vista atrás, los eventos esperanzadores en la lucha por el bienestar eco-social son escasos y aislados. 

A todos nos preocupa el cambio climático, pero esta situación de conformidad ante la decadencia, sumada a la ausencia de propuestas ambiciosas, nos impide imaginar una alternativa a la devastación sistemática del planeta que tanto hemos normalizado. Salvo en contadas excepciones, la estrategia de divulgación climática tradicional no ha generado narrativas capaces de romper con la apatía, resignación y frustración del ciudadano medio, ya insensibilizado ante las imágenes de osos polares famélicos y advertencias de mares en ascenso.  

Todo esto ha tenido consecuencias directas en nuestro paradigma cultural: las obras de ficción de los últimos años están plagadas de universos distópicos y postapocalípticos, alrededor de los cuales han surgido estéticas muy reconocibles que definen sus narrativas. Por un lado, el cyberpunk nos muestra grandes ciudades llenas de rascacielos, hologramas y contaminación, donde una selecta élite social goza de todos los lujos imaginables, facilitados por una tecnología tan avanzada que es indistinguible de la magia. Mientras tanto, el resto de la población agoniza en las calles cubiertas de smog, habiendo pagado con sus propios cuerpos y territorios el precio del progreso para unos pocos privilegiados. Otro enfoque es el de la estética postapocalíptica, perfectamente plasmada por el estilo dieselpunk, que nos presenta hostiles páramos nucleares donde tribus de supervivientes luchan por controlar los restos de la civilización humana, al más puro estilo Mad Max. 

Si intentamos encontrar ejemplos más optimistas dentro de las ficciones recientes, los futuros imaginados suelen limitarse a visiones de sociedades estrictamente autárquicas y con economías de subsistencia bastante precarias que rechazan cualquier avance tecnológico. Además, en muchos de estos casos, sólo se concibe la posibilidad de construir una sociedad mejor después de haber pasado por el apocalipsis.  

Nuestra incapacidad para imaginar un futuro mínimamente atractivo es un claro síntoma de la parálisis y sumisión que estas ficciones dominantes nos han impuesto con el paso de los años. Las expectativas que hoy dominan el imaginario colectivo, tan restrictivas en cuanto al aspecto que podría tener un futuro positivo, se pueden y deben cambiar por otra mucho más inspiracional. Solo así podemos comenzar a imaginar los cambios que deseamos ver en el mundo, algo vital para trazar las líneas de acción que necesitamos para avanzar en la dirección correcta en la actual transición energética y eco-social. 

Solarpunk como alternativa de optimismo radical 

En este contexto de percepción pública tan desfavorable, surge una propuesta radicalmente optimista, conocida popularmente como solarpunk. Este movimiento cultural nace como alternativa al pesimismo y se atreve a imaginar un porvenir no sólo deseable, sino tangible y alcanzable para todos.  

El futuro que se propone desde el solarpunk supone abandonar la resignación dominante y empezar a actuar desde la ambición de poder vivir bien, ampliando el horizonte de lo que es posible en términos de bienestar social y medioambiental. A nivel narrativo, esto significa pasar del mero diagnóstico de problemas sistémicos a la proposición activa de soluciones motivadoras y asequibles para avanzar hacia un nuevo paradigma económico y cultural. 

Ejemplo ilustración de estética solarkpunk —Ilustración de Gonzalo Gómez
Ilustración de Gonzalo Gómez

La apariencia de esta nueva corriente artística e ideológica es inmediatamente reconocible a través de una estética exuberante y colorida: abundan las escenas cotidianas y de vida comunitaria tranquila, donde los escenarios son ecosistemas regenerados y ciudades habitables. En estos retratos del futuro la tecnología ya no se plantea como un sacrificio de la vida para forzar un beneficio económico infinito, sino como un valioso complemento para la existencia de todos. Esta tecnología democratizada deja de aplastar a las comunidades y a los ecosistemas y se pone a su servicio para aportarles resiliencia, abundancia y riqueza, respetando siempre la cultura local y los límites planetarios. 

Estas escenas tan apetecibles son un vehículo para contar historias, pero también para generar esperanza, ya que conectan ese futuro tan deseable con las herramientas que tenemos hoy en día para alcanzarlo. Se pone de manifiesto que el cambio sistémico que queremos es posible, y que las barreras existentes para lograrlo no son técnicas ni físicas, sino políticas. 

Ejemplo de estética solarkpunk —Ilustración de Gonzalo Gómez
Ilustración de Gonzalo Gómez

Aplicación del solarpunk a la acción climática y nuestras vidas cotidianas 

Todos estos conceptos sobre narrativas tecnológicas y culturales suenan muy bien, pero ¿cómo podemos llevarlos a la práctica? Mientras el pesimismo se iba apoderando de nuestras narrativas culturales, también daba comienzo una verdadera revolución tecnológica gracias a las energías limpias, particularmente la solar fotovoltaica. En los últimos diez años, los costes de producir energía solar han caído un 90%, lo que ha convertido esta tecnología en la fuente energética más barata, limpia y versátil de todas, ya que se puede instalar literalmente en cualquier sitio. 

Alrededor de este vertiginoso avance tecnológico han surgido un sinfín de iniciativas energéticas y climáticas de empoderamiento colectivo que podrían etiquetarse como solarpunk, aunque este calificativo aún no haya permeado el lenguaje con el que las describimos habitualmente.  

Por un lado, el avance de la energía comunitaria limpia y distribuida, a través de las comunidades energéticas, ya se está consolidando en nuestro día a día: en 2025 ya se contaban 837 comunidades energéticas en España, impulsando la soberanía y abundancia energética para decenas de miles de personas a través de instalaciones de autoconsumo renovable compartidas, almacenamiento energético distribuido y participación ciudadana local. Esta fuente de riqueza comunitaria puede aportar una gran resiliencia tanto en entornos rurales como urbanos, y abre una nueva vía de prosperidad para hacer frente a problemas tan profundos como la pobreza energética, la falta de recursos en zonas despobladas y la protección ante shocks energéticos internacionales. Si este caldo de cultivo de energía comunitaria se acompaña de un empuje normativo efectivo al autoconsumo y las comunidades energéticas, se espera que nuestra capacidad de generar, almacenar y compartir nuestra propia energía se siga multiplicando rápidamente a nuestro alrededor.

Ejemplo de estética solarkpunk —Ilustración de Gonzalo Gómez
Ilustración de Gonzalo Gómez

En esta misma línea, otro ejemplo de medidas prácticas con una creciente acogida son las soluciones basadas en la naturaleza  para mejorar la habitabilidad de las ciudades. La creación de espacios urbanos públicos verdes, pacificados y biodiversos, aunque parezca simple, puede ser revolucionaria. Estas medidas posibilitan crear barrios menos hostiles para quienes los habitan, más resilientes ante calor extremo e inundaciones, y también más bellos, lo que nos permite llevar vidas más sanas y felices. Este nuevo urbanismo, que pone la vida en el centro de la planificación, sigue una clara estética solarpunk a través de infraestructuras pasivas de bajo impacto como abundante arbolado, huertos urbanos, fuentes, carriles bici, peatonalizaciones, cubiertas verdes, humedales urbanos y pavimentos de alto albedo.  Estas simples iniciativas a nivel municipal y de barrio combinan la vida comunitaria de calidad con la acción climática y la gestión responsable de los recursos naturales e hídricos. 

La otra gran vía de actuación solarpunk es la regeneración de ecosistemas, orientada a la recuperación de paisajes degradados a través de acciones que permiten restaurar la biodiversidad y la riqueza del territorio. Este tipo de proyectos suele generar un gran interés en las comunidades locales, que valoran inmensamente la reparación de su entorno. Son acciones que pueden realizarse a través de una amplia variedad de enfoques en función de las causas ecologistas locales y conflictos medioambientales específicos del territorio: la regeneración puede abarcar la reparación del patrimonio natural histórico, la recuperación de la capacidad productiva de los suelos aplicando criterios de permacultura, o medidas de reintroducción de especies localmente extintas como la renaturalizaciónorewilding. 

Ejemplo de estética solarkpunk —Ilustración de Gonzalo Gómez
Ilustración de Gonzalo Gómez
Ejemplo de estética solarkpunk —Ilustración de Gonzalo Gómez
Ilustración de Gonzalo Gómez
Ejemplo de estética solarkpunk —Ilustración de Gonzalo Gómez
Ilustración de Gonzalo Gómez

Todos estos ejes de acción local se basan en iniciativas comunitarias autogestionadas, y requieren una amplia participación social para funcionar correctamente. Por ello son especialmente efectivas en lugares con una fuerte tradición democrática y de participación ciudadana en la vida pública. Aunque estas tendencias deben servir como una clara fuente de inspiración para la elaboración de políticas públicas a cualquier nivel institucional, debemos recordar de dónde viene el verdadero poder cultural de este movimiento: el punk del solarpunk radica en la convicción fundamental de que no necesitamos el permiso de nadie para construir un mundo mejor, y eso es suficiente para empezar a imaginar el futuro. 

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